Momentos felices
Posted by Félix Mezcua on March 24th, 2006 filed in RelatosHace unos días estuve en Valencia viendo Las Fallas, en mi caso lo hago todos los años porque vivo a cuarenta kilómetros de la capital. En mi ciudad Alzira también hay fallas, unas treinta y cinco. Pero se dice que las fallas en los pueblos son para los falleros. Valencia es otra cosa.
Fui con unos amigos, en tren. Ni que decir tiene que son espectaculares, yo las considero la máxima representación del arte valenciano. Además, la multitud de gente que se agolpa en las calles junto con falleros y falleras, y las bandas de música de cada falla que no dejan de tocar día y noche, y los puestos ambulantes de churros y buñuelos con chocolate calentito, hacen de Valencia un sitio acogedor y lleno de vida.
Pero del viaje a Valencia hay una cosa, un momento, que me llamo en especial la atención y que se me quedó marcado. Fue en el viaje de vuelta de Valencia, el tren de cercanías iba a tope como suele ser habitual en esa época. En cuanto el tren llegó se llenó, de hecho la gente que lo esperábamos apenas dejamos salir a los que llegaban ante la idea de quedarnos sin sitio donde sentarnos.
El caso es que una vez sentados vi que delante de mi se había sentado un niño de unos ocho años a la izquierda y una mujer mayor a su derecha. Estaban frente a mí, en los típicos compartimentos de cuatro asientos. A mi izquierda iba un amigo. Pronto observe que junto a la mujer se encontraba su esposo de pie. Era un hombre de unas sesenta y tantos. Mayor, que no viejo, porque hoy en día a esas edades las personas están que da gusto verlas.
Por un momento pensé en cederle mi asiento al hombre, pero al final no lo hice, sobre todo porque pensé que el chaval pequeño, que debía ser su nieto, era quién se lo debía ceder, tampoco quería hacer el primo y tenía los pies molidos. Así que el señor se quedo ahí de pie cogido de la mano de se esposa con cara de cansancio. Mientras el chaval parecía pasar del asunto.
De repente vi como la mujer le besaba la mano a su marido, y me llamo la atención porque no suele ser habitual ver estos gestos de cariño público entre las personas mayores. Acto seguido se acerco un hombre joven y llamó al niño, era su padre, le dijo que se levantara y dejase su sitio al hombre mayor. Ahí me di cuenta de que el chaval no era familiar de estos señores y que simplemente ante la marabunta que había habido al subir al tren había llegado a parar a ese asiento. Y sus padres habían quedado en unos asientos mas adelante.
El caso es que el niño se levanto y el hombre mayor ocupó su lugar. Aquí yo puse un poco cara de remordimiento por no haberle cedido el sitio antes, pero él simplemente hizo un comentario diciendo que ahora estaba mas a gusto. Era un matrimonio valenciano, de los que acostumbra a hablar en valenciano, su lengua materna, sencillo, que viven tranquilos y en algún pueblo como Xátiva o La Pobla Llarga.
La señora, al tenerlo a su lado, se recostó en su brazo y lo abrazo fuerte. Él mantenía el semblante serio, pero con un gesto de pena, de impotencia. De repente a la mujer se le escapo una lágrima y cerró los ojos. Creo que era una lágrima de alegría, y al mismo tiempo de tristeza, de melancolía. Me dio la sensación de que pensaba en lo bonito que había sido ese día junto a su marido viendo Las Fallas de Valencia, y mucho me temo que eran sus últimas fallas juntos. Tal vez el hombre padecía algún tipo de enfermedad. Es posible, porque tenía un semblante muy estresado, no habitual en estas personas mayores que ya lo tienen todo hecho, era el rostro de una persona que sufre de algo y nunca tiene un segundo para descansar.
En ese momento el tren indicaba por megafonía la llegada a mi ciudad, que sigue siendo un pueblo en cuanto a costumbres, me levante y me despedí con un tímido ‘bona nit’ porque ya era de noche. Espero que esa señora pueda seguir siendo feliz durante mucho tiempo.
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