Tiempo, divino tesoro

Se me hace difícil disponer de tiempo libre que poder dedicar al blog. Además, coger el hábito de escribir no es fácil, y tener algo interesante que contar aún menos.

Respecto al tiempo, a mi los días se me hacen cortísimos, sobre todo durante estos últimos años. Dicen que entre mas ocupado está uno mas rápido se le pasa el tiempo, supongo que se referirán a ocupado en algo que te guste, porque cuando haces algo a desgana el tiempo se te hace eterno. Mi caso por suerte es el primero, me gusta mi trabajo.

Echando un vistazo atrás me doy cuenta de que han habido distintas ‘velocidades’ del tiempo en mi vida. Mi infancia pasó rápida, no recuerdo haberme aburrido mucho. Solo me aburría como una ostra algunos domingos por la tarde, que no sabía que hacer. Y también en verano, que nos teníamos que quedar en casa porque éramos pobres y los tres meses de verano se me hacían eternos. No tenía mucho que estudiar porque había aprobado todo y los cuadernos Santillana eran más de lo mismo. Solo algún cursillo de manualidades o similar hacían el tedio mas llevadero. Recuerdo que durante esos meses tenía mucho tiempo para pensar. Y una de las cosas que pensaba era como me gustaría que fuesen los veranos, los imaginaba en la playa, jugando con un montón de amigos y bañándome a todas horas. Es una cosa que siempre quise, unas vacaciones en la playa. Pero me tenía que conformar con la piscina municipal y la excursión algún domingo a la playa con mis padres y hermanos.

Aparte de eso, mi infancia fue divertida y pasó rápida. Todo cambio al final de la EGB, empecé a perder el contacto con los amigos de siempre. Mis antiguos amigos eran mucho mas divertidos que los nuevos. De pequeño siempre tuve como amigos a algunos gamberros de la clase, la verdad es que me llevaba bien con ellos, eran personas que me estimulaban intelectualmente, muy ocurrentes y con personalidad. Los nuevos amigos empezaban a ser la mayoría unos empollones y todo ese nuevo entorno de estudio y empolladas mil me resultaba bastante frustrante. Echaba de menos la libertad de los años pasados. Además, la adolescencia empezaba a hacer mella en mi personalidad y me llené de inseguridades.

Desde el fin de la EGB, pasando por la época del bachillerato y durante casi toda la carrera, me aburrí como una ostra. Me vi sometido a un sistema educativo caduco donde no se enseñaba a las personas a pensar y razonar, sino a acumular textos y fórmulas en la cabeza y vomitarlas en los exámenes. Creo haber olvidado más del 90% de lo aprendido. Esos fueron los años mas largos de mi vida, se me hicieron eternos. Anduve perdido la mayoría del tiempo atrapado entre la vorágine del día a día y lo que realmente pudiera querer. También eche de menos la ayuda de alguien que pudiese ayudarme a decidir mi futuro. Tal vez debí haberme parado en algún momento y replantear mi vida, pero en esas edades no tienes claro nada y yo simplemente me limité a cumplir el expediente y ir aprobando todo. No había tiempo para mucho más.

Durante esos años recuerdo haber tenido dos crisis de personalidad, fueron durante la época final del bachillerato. El estudio de la filosofía, entre ellos Platón y su “Mito de la Caverna” y Descartes y su “Discurso del método”, me hicieron pensar mucho sobre mi existencia, y ello me provocó ambas crisis que me dejaron en vela algunas noches. Reconozco que la filosofía ha sido una de las asignaturas que mas me han ayudado a formarme como persona, es la que más me ha hecho pensar.

La universidad también se me hizo muy aburrida y eterna. Solo los dos últimos años de carrera me resultaron mas cortos porque algunas materias eran interesantes, estábamos menos masificados y hice un buen grupo de amigos.

Y tras la universidad, empecé a trabajar, y aquí se empezó a acelerar todo. Primero en Valencia, después en mi Alzira natal, después en Barcelona, y de vuelta a Alzira trabajando en el nuevo hospital para una consultora de Madrid. Siempre como informático en alguna de sus variantes: programador, analista o administrador de bases de datos. Todos estos años pasaron rápido y tengo un buen recuerdo de ellos, empezaba a ver la luz.

Pero llego un momento en que de nuevo se me cruzaron los cables. Me di cuenta que tantos años de estudio y sacrificio solo me habían servido para tener un trabajo que me aburría muchísimo. Ganaba un sueldo que estaba bien, pero profesionalmente me sentía frustrado. En el trabajo que tenía era difícil escalar puestos y mi futuro era incierto, o bien seguía en el hospital de mi ciudad haciendo siempre lo mismo, o bien me iba a Madrid a intervenir en otros proyectos de mi empresa.

No lo tenía nada claro, en ese momento me surgió incluso la oportunidad de trabajar en una de las grandes consultoras que todos tenemos en mente. Vi una oferta para la cual mi perfil se adaptaba al dedillo, pero en ese momento también me surgió la oportunidad de crear una empresa junto a un excompañero de trabajo y amigo.

Hay una cosa que no he comentado nunca, y es mi apego a la familia, amigos y entorno en general. Soy de la opinión de que es mejor vivir con los tuyos y con una buena calidad de vida que tener una gran carrera profesional. Quizás mi condición humilde ha hecho que tenga mucho contacto de joven con mi familia y amigos, y eso después ha pesado mucho a la hora de valorar un cambio. La gente antiguamente emigraba para sobrevivir, y muchas veces emigraba toda la familia. Esos valores hoy se están perdiendo. Yo nunca he entendido el vivir en Madrid lejos de los tuyos, ya me pueden ofrecer el oro y el moro, pero no lo veo claro. En mi ciudad estoy muy bien, es una ciudad tranquila, tiene todo lo que puedas necesitar, con Internet y la prensa me informo de todo. Y el clima es una maravilla.

Y fue esta forma de pensar la que me llevo a la creación de una empresa. Creo que fue una de las decisiones mas acertadas de mi vida. La empresa va a cumplir ahora cuatro años, y no ha sido un camino de rosas, todo lo contrario. El sueldo se me redujo de golpe a la mitad, algunos meses incluso no cobramos. La idea inicial de negocio fue un auténtico fracaso y las pasamos canutas. Por el camino perdí a una persona a la cual quería mucho pero que no supo comprender ni aguantar mis problemas y neuras. Y no creía en mi proyecto de futuro. Además, la seguridad era nula, y los préstamos, sueldos, gastos, etc. había que pagarlos vendiéramos o no.

Pero toda esa incertidumbre, ese tener que decidir día a día, trabajar hasta largas horas de la noche, leer, formarme, pensar, equivocarme, acertar, me ha hecho sentirme mas vivo que nunca. Además, es ahora cuando he empezado a sentir que soy dueño de mi vida y de mis pasos. Nunca antes tuve esa sensación. La empresa empieza a consolidarse, parece que por fin hemos aprendido alguna lección. Aunque el camino es largo. Y la incertidumbre, lejos de amedrentarme, me llena de fuerzas e ilusión por superarme, por ser cada día mejor e intentar crear algo de lo que algún día pueda sentirme orgulloso.

2 pensamientos sobre “Tiempo, divino tesoro”

  1. Qué bien todo lo que cuentas! Es una historia como la de muchas personas, pero tiene un final feliz: tu realización personal en la empresa que seguro que tendrá mucho éxito!

    Me encanta la gente emprendedora, como se ve que eres tú.

    Lamento sólo que alguien haya quedado en el camino, pero se ve que no te comprendía…

  2. Gracias por los ánimos Marta, pues si, nunca sabes si acertarás o fallarás, pero lo importante es intentarlo. Y aunque siempre haya personas que no te entiendan y te sientas un poco incomprendido, al final uno tiene que ser firme en sus convicciones, aunque duela.

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