El señor Juan

Posted by Félix Mezcua on December 19th, 2005 filed in Relatos

Hay ciertas personas por las que uno sin darse cuenta siente un especial cariño. El señor Juan era una de esas personas. Cuando era niño y jugaba en mi calle, su calle, recuerdo verle de buena mañana preparando su moto para ir al campo. Era un hombre de campo, sentía su tierra valenciana como propia y sus naranjos eran su principal preocupación.

Su carácter afable y hospitalario y su sempiterna sonrisa son rasgos que siempre le acompañaban. Un día jugando en casa con mi prima Juanita, tuve un accidente debido a mi carácter inquieto. Bajando las escaleras de una forma un tanto peculiar sufrí un pequeño accidente al romper una de las cerámicas de la pared de la escalera de una patada. Era verano y vestía ropa corta, el resultado fue un corte de varios centímetros en la pierna derecha. Al estar en caliente la verdad es que apenas sentí nada, pero cuando llegue a la planta baja de mi casa mi madre me vio y fue tal la impresión que el corte en mi pierna le causo que sufrió un desvanecimiento. Mi padre estaba en Suiza trabajando, pero en cuanto mis vecinos y en concreto el señor Juan se enteraron de lo sucedido me subieron al coche y me llevaron a urgencias. A partir de ahí solo recuerdo como me tumbaron en una camilla, me hicieron contar hasta diez, uno, dos, tres…

Aunque cambié de domicilio ya hace años continué viviendo cerca de su casa, y siempre tuve un mínimo contacto con el señor Juan, en ocasiones debido a que me hacía llegar lotería de su falla, su amada falla Doctor Ferrán, en otras ocasiones me lo encontraba por la calle y charlábamos un poco, me preguntaba como me iba en la vida, si ya tenía novia o como me iba con el nuevo trabajo y siempre sentía en sus palabras un cariño y admiración de alguien que siempre te ha valorado por como eres. Y esas pequeñas cosas son la que realmente te dan fuerzas y te motivan para tirar adelante, porque sabes que son palabras auténticas, porque sabes que son sentimientos auténticos.

Hoy me he enterado que el señor Juan ha fallecido. Por suerte no ha sufrido, de hecho hace unos días mi padre habló con él y estaba bien, con las típicas dolencias debidas a sus casi ochenta años y varias operaciones de cadera, pero con buen ánimo. Volvía de comprar la prensa que le gustaba leer a diario y de hacerse un café en el bar de toda la vida. Eso está bien, muy bien, las buenas personas deben pasar así por la vida, sin sufrir en sus últimos días.

Leave a Comment