Nuestra sociedad ¿Tiene futuro?

(24-12-2005) Sigo pensando igual que hace dos años, hoy mismo viendo las noticias de Antena 3, me ha parecido lamentable ver como mostraban un reportaje donde los ricachones de Madrid hacían cola de buena mañana (desde las siete) para comprar angulas a 890€ el kilo. Todo era jolgorio y alegría, y los billetes gordos aparecian por doquier. En una entrevista a uno de ellos este señor decía: “Es que la Navidad sin angulas y centollos no es lo mismo”. Este tipo de cosas de verás que me hace sentir mal. ¿Que sensibilidad tiene esta cadena con todo esa gente que dificilmente llegan a final de mes con un sueldo equivalente al kilo de angulas? ¿Tal vez insinuan que esa gente no puede ser feliz?

Cada vez que me siento delante del televisor no hay día que no me sorprenda algún anuncio que me haga sentir mal. Por ejemplo, los anuncios de la vuelta al ‘cole’ incitando a las familias a comprar de todo. ¿Por qué? ¿Por qué tiene la gente que pasar por el aro? Toda esa publicidad intenta hacer sentir a padres y niños mal. Te están diciendo: ‘Si no compras todo esto serás una persona desgraciada’. No se hasta que punto esta incitación al consumo nos hace bien. Hay que comprar lo justo y necesario.

La sociedad esta perdiendo muchos enteros si sigue por el camino del consumismo incontrolado. Y debería empezar a cambiar ya, porque llegará un momento en que no sabremos que es lo realmente importante. Se está produciendo una pérdida de valores alarmante y las nuevas generaciones empiezan a no saber diferenciar lo que esta bien de lo que está mal. Para evitar esto los padres y educadores son los primeros que deberían aplicarse el cuento.

Un padre no es mejor padre por darle a un hijo todo aquello que le pida. Un padre es un buen padre si deja que su hijo se esfuerce por conseguir las cosas y siempre que lo crea necesario le diga ‘no’. Porque si llega el final de curso y se le regala al hijo la bicicleta prometida a pesar de no haber conseguido los objetivos ese niño empezará a no saber valorar las cosas. Y siendo un poco más estricto, no es necesario prometer una bicicleta, porque la obligación de un niño es aprobar sus exámenes. Y solo al final de curso y cuando el niño halla demostrado su esfuerzo, con mejores o peores resultados, el padre deberá decidir recompensarle.

Los niños que crecen sin responsabilidades y con recompensas inmerecidas de mayores son desgraciados porque esperan en todos los ámbitos de su vida reconocimiento por lo que hacen, sin pararse a pensar que tan solo deben hacerlo porque es su obligación. Si desde pequeño se le inculcan a un niño valores como el trabajo y el sacrificio (comedido por supuesto) de mayores serán personas capaces de asumir sus responsabilidades sin traumas y con seguridad en si mismos.

Debemos reconducir nuestra sociedad y establecer de nuevo valores como son el trabajo, la familia, la educación, el respeto y tantos otros que parece ser que se están perdiendo. Y a partir de ahí puede venir todo lo demás: diversión, viajes, consumo y todo aquello que nos ayude a alejarnos de la realidad y disfrutar o descansar.

Mundo desequilibrado

(20-12-2005) Primero de una serie de artículos sobre sociedad que he escrito en los últimos años y que quiero agrupar en este blog. Creo que la gran mayoría se mantienen frescos. Los publico con su fecha original.

En esta época navideña parece que uno se fije más en los temas sociales con el afán de poder ayudar aunque solo sea un poco. Y ayer precisamente, día de Navidad, me llamó la atención un reportaje en televisión que explicaba como en un poblado del sureste de África se habían reunido todos sus habitantes para decidir si empezaban a utilizar un arado que había llegado a sus manos para realizar sus labores agrícolas.

Es increíble! ¿Esta gente y yo vivimos en el mismo mundo? ¿Al oír esta noticia no pude más que sentirme mal y sentir vergüenza ajena? ¿Como puede ser que esta gente todavía no tenga un equipamiento básico de labranza como es un arado? Los animales se les han muerto casi todos debido a sequías y plagas y carecen de recursos para poder comprar y criar nuevos animales. Su única fuente de riqueza es la cosecha que recogen cada año y debido a que hacen todo a mano pues no le sacan a la tierra ni una mínima parte de su partido. Y esta es la pescadilla que se muerde la cola.

En este situación yo me pregunto, ¿cuantos arados habrá ahora mismo en España muriéndose de risa en algún rincón? Y lo más ‘gracioso’ es que ya no se utilizan porque están totalmente anticuados y obsoletos debido a que hoy se utiliza maquinaria a motor mucho más avanzada. ¿Que nos costaría reunir todos estos útiles de labranza y enviarlos a distintas partes de África? Supongo que deben haber ONG’s que puedan realizar esta labor y que de hecho estén haciendo algo al respecto. Soy consciente de que la labor social de este tipo en España es un ejemplo para todo el mundo.

Pero claro, mientras que estas gentes dispongan de tan pocos medios en este mundo tan globalizado y competitivo nunca van a tener la posibilidad de progresar y con ellos progresar todos. Porque en nuestro mundo vamos todos subidos en el mismo carro y en España no podemos pensar que estamos bien cuando a doscientos kilómetros de nuestra costa en Argelia todavía están en guerra. Y en total son más de veinte las guerras activas en todo el mundo, la mitad en África.

Quitémonos la venda de los ojos. El primer objetivo de todos nosotros debe ser desear la paz en todo el mundo. La paz es la base del progreso de todo pueblo. A partir de ahí deberemos ayudar a los pueblos pobres a avanzar y desarrollarse. Desde aquí rompo una lanza a favor de la entrega del 0,7% de nuestro PIB para los países pobres. Y una vez consigamos que cada zona del mundo sea autosuficiente se acabarán las desigualdades y éxodos.